viernes, febrero 22, 2013


Un agujero en la portada
permite penetre mi índice
más allá del grueso apilado
en las hojas amarillas
de este texto extraviado.
El contenido lo he olvidado
como también su número de páginas,
y seguramente las acotaciones
al margen de las hojas
que hice hace muchos años.
El autor del escrito es un amanuense
de hidalguía tanteada en el cadalso;
la resurrección tiene sentido
únicamente en el patíbulo,
ahí reencarnan las letras
bajo el anonimato del amanecer.
En el agujero en la portada
logro tocar la cicatriz de un rostro
agonizante,
que le roba a la noche que se va
el único verbo que vale la pena
recordar.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero de MMXIII