viernes, febrero 22, 2013


De esos cines, Claudia Ernestina…
 
Tienes 18 años, la tez blanca
como las pizarras de acrílico,
las cejas pobladas, el rostro alargado,
senos predominantes que contrastan
con la delgadez de tu ondulada cadera,
Claudia Ernestina.

Te gusta el Bloody Mary
no por el vodka
sino por el jugo de tomate,
bailas descalza luego de la tercer cuba,
y te deshaces de tus calzones
y te acercas al hombre
y susurras al oído palabras
que hacen el amor.

Leo que los versos de Ernesto Cardenal
son para la posteridad y son para ti Claudia.
Tengo una prima que se llama como tú
y a diferencia de ti, tiene el pelo enmarañado
como la espuma que queda en la arena
luego que la ola se va.
 
Claudia Ernestina, cuando tú mueras
no morirán contigo los versos y al morir
tu amante no habrá quien rescate
su cuerpo del olvido,
porque Claudia Ernestina
un hombre de batalla
se hinca a lado de los cadáveres de sus adversarios,
y en silencio pide
al Creador reciba de nuevo
sus almas.

Juan Espinoza Cuadra
México
Febrero MMXIII

Ernesto… ¿por dónde pasaba?
 

Nunca lo ví.
Desconozco que fue de su vida.
Si comió el último día que tú lo viste
o si murió un día o un mes después.

Esas putas que lo conocieron
no las recuerdan ni quienes
se las cogieron.
Si los borrachos recuerdan sus versos
quizás sea porque ese Poeta
caló profundo en ellos.

Sin avión, barco o automóvil
sin delito y… según escribes,
desde entonces en el cementerio,
su imaginación el monumento
al amor a sus putas y a sus pedos.

Cada poeta en su obra
expía la predestinación del verbo.  
Ayer fuiste tú quién recordó al poeta,
hoy, soy yo, quién te recuerda a ti.

Juan Espinoza Cuadra
México
Febrero MMXIII

 

 
Al Poeta que soñó con un coito…

Antenoche olí su espalda.
Despertó al sentir el calor
de mi inhalación jadeante.
Al darse la vuelta hacia mí,
olí sus senos.
En la penumbra me aleje
para contemplarlos.
No estaban visualizados
en mi imaginación.
No fue un sueño.
Desde entonces…
la despierto cada noche
para que me atormente
con sus aureolas inflamadas
entre mis labios;
para que lapide inmisericorde
con su vértice hendida,
mi péndola exaltada.

Juan Espinoza Cuadra
México
Febrero MMXIII


Remembering Susan Sontag

Susana te levantaste temprano hoy,
seguramente escribirás
otro ensayo respecto a la bisexualidad
del rinoceronte y de su amor por el
colibrí.
Escuché en una cantina
ubicada sobre la calle Libertad,
que Sontag es un apellido
salivescamente emparasitado
a uno de tantos tempanos de hielo
que bogan nanométrimente sobre la
corriente de Rosenblatt. Ciertamente.
Oye, ¿Illness as Metafhor, es una
de esas deliciosas bebidas embriagantes
que sirven a partir de las 6 de la tarde
en el Bar del Hotel Alhambra
en Granada, Nicaragua?
Me gusta tu mechón blanco
infiltrado en tu espesa cabellera negra.
En tu rostro atemporal huelo
el aroma a páginas nuevas.
La piel de tus manos tiene el brillo
de una marquesina rosa
aclarando la medianoche.
Me gusta tu mechón blanco
escurrido en tu atascada melena negra.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero de MMXIII

Un agujero en la portada
permite penetre mi índice
más allá del grueso apilado
en las hojas amarillas
de este texto extraviado.
El contenido lo he olvidado
como también su número de páginas,
y seguramente las acotaciones
al margen de las hojas
que hice hace muchos años.
El autor del escrito es un amanuense
de hidalguía tanteada en el cadalso;
la resurrección tiene sentido
únicamente en el patíbulo,
ahí reencarnan las letras
bajo el anonimato del amanecer.
En el agujero en la portada
logro tocar la cicatriz de un rostro
agonizante,
que le roba a la noche que se va
el único verbo que vale la pena
recordar.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero de MMXIII

Aquellos jóvenes que fuimos…

El grupo de jóvenes inicialmente congregados
por el conocimiento,
paulatinamente transformamos
esta circunstancia
en hermandad perdurable.
El agnóstico nunca encontró en su cábala
una inferencia para
tan recóndito suceso,
ni en la lectura de sus piedras cartománticas
un razonamiento justificable
que validara algún porqué.
Adultos al paso de los años
y de cienes lateralmente encanecidas,
generalmente,
no enrolamos los trajes militares
de algún dogma,
ni embriagamos el juicio en elixires
ni tabúes.
La mayoría, con la compañera de vida,
comentando los aconteceres
de cualquier índole,
en Managua, México o París;
mandando mensajes de texto
por teléfono celular a los hijos
refrendando nuestro amor por ellos.
Acariciando en nuestras casas
los tersos pétalos de las buganbilias,
correteando al French Poodle
que uno de los hijos llamo Emiliano,
saludando al vecino jubilado
con el cuál en sábados por la tarde
tomamos una cerveza fría
mientras comentamos los resultados del fútbol.
Aquellos jóvenes enardecidos
por conquistar los tesoros albergados
en los confines de la madre Tierra,
hoy nos sentamos en nuestras sillas
reclinables a leer los poemas
de los que nos atrevemos escribirlos,
o disfrutar los comentarios que hacemos
en las redes sociales,
calzados con chanclas, pantaloncillos y playeras,
mientras planeamos el trabajo
para el siguiente día.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero MMXIII

viernes, enero 06, 2012

Lo adverso de lo contrario...

Cortesía de: http://1.bp.blogspot.com/
Siguiendo mi lado
de la línea de separación,
el camino lacera con
sus rudas cuestas
mis plantas ajenas
a tu vocación polémica.
De mis errores
cometí el tuyo,
contemplar el cielo nocturno
estrellado
desde la nómada cascada
de tu concupiscencia.
Laberinto doble incierto
el galimatías de tu beso;
ilusoria tu cintura ahogada
en mis manos fallecidas.
Inmutable es tu oscuridad fallida
en el laudo de tu sonrisa,
el movimiento cuasiforme
de tu cadera
asiéndose vaga al sonido.
Encuéntrame en tu otra parte,
en el borde brillante
de tu labio anhelante,
hállame para ti en el límite
de tu precipicio,
donde el prejuicio se hace
palmera ondulante y tu cuerpo
apocalipsis de método y verso
proclamado y adverbio concebido.
Soy metafísico de verbo
tú, bólido de hiedra,
verde transparente de fondo
caballete diferencial,
ecuación nimia y
verano alucinante.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero MMXII

Qué de extraño tiene...

Cortesía de http://www.molwick.com/es/evolucion/t-esfinge.jpg

Qué de extraño tiene
acompañarte cuando andas
solitaria, empapando tus pies
en los charcos tras la lluvia.
Qué de extraño tiene
tomar tus hombros
para pincelar desde la colina
el ovoide de tu mar.
Tu cuerpo de leona rosa
chasquea en tus alas
de mariposa
lascivia y demonio ancestral
escalando la esfinge
la oropéndola de tu barbilla.
Te percibo hecho e historia
irreal tus caderas
abismo tu palabra
en la arista fundamental.
¿Qué parte de mí
puedes extrapolar
para aproximarme
a tu adamar?

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero MMXII

sábado, diciembre 31, 2011

Nihil...

No son los movimientos al azar
de los dedos de mis manos
los que atraen las manzanas
de las ramas al suelo,
ni es el movimiento nervioso
de mis párpados
el que provoca la amenaza
de lluvia en el entorno
del espacio que alcanzo percibir.
¿Qué significado tiene
embarrar mis pies de barro
en la tarde soleada
del verano atípico?
Si existe la escalera
que conduzca a la cima,
ésta escapa de los pies descalzos
que juegan al zig-zag
en el andamio perceptible.
¿Quién explica desde su pose de codorniz
el argumento jesuista
de la evolución de la oruga?
¿Qué iluminado dicta
la trayectoria del meteoro
con su abc de alquimista?.
Gorgias tiene en su túnica
gotas de vino añejo,
miran hacia adelante
con los ojos de Jacobi,
y detrás queda Kant
con el polvo atrapado
en el ruedo de su
otrora minúscula.
Sin rudeza se talla Unicornios
en el atrio purpura
de la palabra desencadenada,
cínicamente lavan los pies los santos,
la suciedad conjugada de arcoíris
en los rostros congelados
de las imágenes tomadas como Dios.
Cósmico solo el Universo que desconocemos,
lo demás, es insustancial en la búsqueda
incesante de la verdad.
¿De dónde procedemos?
Ciertamente no de acá…

Juan Espinoza Cuadra
México
Diciembre MMXI

miércoles, diciembre 14, 2011

Axioma I

En algún punto de mi recta
tu valor absoluto
no hace muecas
con otros puntos,
ni con otros signos.
Trazo mi segmento incólume
en tu tilde geométrica,
te conjuras
abstracta y desmedida,
sin ley formal
multiplicamos los entornos
mi uno en tu dos, repetido.
Eres mitad de incógnita
en álgebra de infinito,
hago sucesiones de período
en tu vientre infinitesimal.
Pongo puntos
donde sitúas números,
sacio la interpolación abierta
de tu matriz sin respuesta.
Dueño de tu rango inextinguible
descanso el axioma
en tus inconstantes invisibles.
Soy el cero que origina
nuestra asíntota de binomio
y la serie de pares
inconclusos.

Juan Espinoza Cuadra
México
Diciembre MMXI

jueves, noviembre 17, 2011

Veintiún te amos...

Photo by Juan Espinoza Cuadra
Cuando te llamo lo he hecho sabiendo
no responderás,
por esa condición imperturbable
que tienes desde que te fuiste.
En mi billetera conservo unas palabras
que escribiste antes de partir,
he tratado de conservar la nota en buen estado
aunque no he podido contra el deterioro
del tiempo.
En una de las esquinas dibujaste una flor malhecha
en la que no se distinguen los pétalos
de unos trazos que semejan nubes…
se observan unos círculos estrellados
de cuando te pusiste a llorar…
leo los veintiún te amo que escribiste
aquella tarde que optaste fuera solo tuya.
Con dificultad ajustamos el pasaje de regreso a casa,
durante el viaje reíste estruendosamente de los chistes
que tú misma contabas,
y luego fijaste tu mirada en la lejanía
mientras el viento alborotaba tu pelo.
Tomaste mi mano y la apretaste
girando tus ojos hacia mí
para decirme llorando
que sería la última vez que mirábamos juntos
los paisajes que nos golpeaban con rapidez
la mirada.
De ti, hoy solo tengo una nota
unos dibujos juveniles y los veintiún te amos
que me escribiste.

Juan Espinoza Cuadra
México
Noviembre de MMXI

lunes, octubre 31, 2011

Llega otro día...

La otra botella esta a la mitad
y vuelvo a ver el reloj otra vez, insistiendo,
para que el tiempo se acelere
cuando sé muy bien no sucederá.
La radio de la cantina
deja escuchar otra cadena de muertos,
es inacabable,
la vida se hace mas chica,
para el cantinero, para el borracho que duerme
en la mesa contigua,
para mí, que aguardo lo que no llegará.
Acompaño al huracán que arrasa la pobreza
desempeñándose vigoroso
sobre los techos de cartón,
voy con él para deshacer
a los presidentes tiranos
de las pequeñas Repúblicas
que no me caben en las manos.
Quiero mi mujer ande descalza
por los senderos ocultos de mi casa,
que me deje abrevar una fantasía indispuesta,
la ilusión que aún aguarda para mí.
Caminar desnudo por la playa
sin nombre,
mis pies ahogados en la arena,
escribir un verso impostergable
guardarlo en el silencio del mar.


Juan Espinoza Cuadra
México
Octubre de MMXI

sábado, octubre 08, 2011

Mi otra mujer...

Mi otra mujer camina descalza
la cicatriz de mi cuerpo,
se levanta del lecho
para disparar besos
en la madrugada,
enciende la estufa y calienta el agua
para un affaire Solar de
sollozos desmedidos…
mi otra mujer tiene la piel aceituna
corazón de zarzamora
pinta de rocío su boca….
mi otra mujer se agacha
falda arriba, entre sus piernas
el crisantemo mojado de mayúsculas…
la entrepierna roba al whisky
el aroma,
al humo del tabaco, las horas,
jadeante duermo la caratula imprecisa
en los minutos escabullidos.
Susurra despierta la piel sudada,
su mano ausculta el reposo cansado,
sus pezones acribillan
la dormitud de mi espalda,
doy la vuelta y halló la serpentez
oblicua de su cintura.
Sus glúteos suspendidos
columpian el compas
del lunes de ceniza engavetado,
sus pies mestizos de uñas rojas
recorren mis muslos…
estoy con ella
aunque no esté conmigo.

Juan Espinoza Cuadra
México
Octubre MMXI

viernes, octubre 07, 2011

La camisa blanca de rayas estrechas azules
sobre la cama
sobre los deseos del día
pulcramente planchada por Doña María
la otra esposa de mi padre fallecido
la otra
la madre de los niños que tienen la boca llena
de saliva y golosinas,
la que prepara por las tardes el plátano maduro cocido
con la crema, crema del atardecer,
el cuero y las suelas de los zapatos arrugadas
desgastadas…. sin un centavo en las bolsas del pantalón,
por las tardes patear el balón fantasma
verlo escabullirse entre la verdidud de los matorrales,
quedarse en silencio con los ojos cerrados
a los 11 años esperando la hora de dormir.
Diriamba es el mejor sitio para platicar con los fantasmas
de cuatro a seis de la tarde,
sobre todo si estás en medio del cementerio,
con una cantimplora llena de agua vieja.
Sin ninguna chamarra que abrigue
el frio cala con mayor intensidad el futuro,
la llegada de papá es un festín, una algarabía rota,
un saludo arrugado entre los besos y las despedidas.
Las calles entre tierra y adoquines rotos
se hace la constelación donde transitan los monstruos,
ahogados en los charcos que deja la lluvia.
De regreso a la casa antigua, antigua de humedad,
antigua de paredes, antigua de espacios,
antigua de secretos el aroma del beneficio de café cercano
corre por los rieles oxidados.


Juan Espinoza Cuadra
México
Octubre MMXI

jueves, octubre 06, 2011

Cuasiendecasilabo I

Otoño, árboles del atardecer
hojuelas miopes de maple crepitan,
raíces trajinan tardas, entorpecen
el rayo del Dios rebosa Sodoma.

El Anticristo orilla la ecuación
la cruz consiente la otra alternativa,
sinfonía de cópula de mezquita
pretexto de uva en el pliego de Abril.

Deja percibir la voz atrapada
el borde infinito del mar pico,
urgir tu crucifixión del alma.

Alienígena apunta la estrella
vuela metálica a la madrugada,
planea espiritual alcanfor tu ombligo.

Dentro de ti mi vocablo de carne,
mi dedo desnudo cogiendo brumas,
tu penacho paloma subyugada.

Juan Espinoza Cuadra
México
Octubre de MMXI

miércoles, octubre 05, 2011

Caeré un día...

Wassili Maximowitsch Maximow
El vaho a hospital mezcla los aromas
de miedo, impotencia, temblor de manos,
bajar del taxi y correr sano, pero…
aún la sensación de muerte próxima,
desnudar, agujerar, exhibirse…
la blancura del piso hiere de sudor las sienes,
las plantas de los pies transpiran
camino al cadalso,
palabras llegan, llegan sin alcance…
no hay salud ni esperanza
en el laberinto desde el bautismo;
rostro joven, sano en el reflejo
de los cristales,
de paso por la serenidad de la capilla
apunta el dedo el ángulo entre pared
techo, crucifijo y letanía.
Andar a pesar de lo mayúsculo de la loza
de mármol navegando hacia su holocausto
los canales de la alcantarilla,
de la fiebre, la tos, la pastilla, la otra melodía
de la cuenca de vino vacía.

Juan Espinoza Cuadra
México
Octubre MMXI

Peldaño al más allá...

El banco de niebla atravesado
de cuerpo transparente
los ojos cerrados, no existen,
las manos apretadas pretendiendo retener
la sangre fugada,
al frente la puerta penetrable
atisbada de cipreses.
En estado de vínculo
se murmuran los hijos,
la niñez de arbusto alto
el beso verde en el círculo.
El tono floral de las cortinas
mece a la vida en un vaso con agua,
la idea profiere burdel,
sosiego y tequila,
arrebata la corteza del árbol seco
la vuelta otra vez de la esquina.
En la envoltura de una golosina
la edad verdadera del atabal,
chasquido de dedos
el tictac del reloj.

Juan Espinoza Cuadra
México
Octubre de MMXI

martes, octubre 04, 2011

En tu habitación...


Has marcado muchas veces mi número
que no he tenido tiempo de responder,
libre de compromisos,
llego a tu casa donde esperas
con tu copa de vino tinto en la mano,
y escasa de ropas, me recibes insinuándote,
posas tus labios entusiasmados en la piel de mi pecho,
el aire que exhalas camina lento,
te acercas meciendo tu cuerpo,
tomas mis manos posándolas en tus caderas,
llegas hasta mi boca sedienta de ti
hundes tu mirada lúbrica,
cierro mis ojos y te percibo
natural como la cascada de río,
agreste como el sonido del agua que cae,
verde húmeda como la foresta,
impía, desnuda
sin ropa las letras de tu nombre,
los dedos de tus pies encorvados
atisbando la frontera inexistente entre ambos,
la fogata ardiendo solitaria en la playa,
mía como los buenos días de cada mañana,
tus piernas albergando la arremetida del mar,
mis manos embistiendo violentas tus arrecifes,
el agua cristalina cayendo por tu espalda,
vuelvo a ti desde aquellos años idos,
vuelvo a ti despierto por la alarma del reloj de las mañanas,
y concibes mi interrogante entre tu pecho,
penetro tu día de nube gris y camino descalzo
por la vereda de cipreses de tu vientre.
De rodillas percibo tu plegaria húmeda
de pie redimo tu soledad devota.
Descanso extenuado en tu espalda
disfruto tu sudor de lluvia fresca,
tendida a mi lado escribiendo en tu cuerpo
los acertijos de otro día.

Juan Espinoza Cuadra
México
Septiembre de MMXI

viernes, agosto 26, 2011

Otro golpe...

Cementerio General, Managua, Nicaragua.
He recibido los golpes
que han provocado
sentarme bajo un arbusto agobiado
por la intemperie,
y mirar mis alrededores
con un sollozo que ahoga
mis balbuceos de llanto
entre mis labios desfigurados.
Es mediodía y las lápidas de las tumbas brillan,
se esmeran los colores mármol
a destacar las letras decoloridas
de los nombres de los cadáveres sepultados.
Rosas y flores nuevas, crisantemos y lirios viejos,
se mezclan con la procesión
del canto de las aves,
los arreglos florales se confunden
con el aroma a carne asada
y tortilla de comal rústico
de las cercanías.
Nuevamente calzo mis zapatos viejos
para hallarme en el lugar
donde a mis seis años
vi por última vez
el cuerpo exangüe de mi madre.
En la aridez de la tierra que circunda
el santuario a una vida extinta,
dibujo la definición más cercana
a otro adiós.


Juan Espinoza Cuadra
México
Agosto de MMXI

jueves, mayo 19, 2011

Perdida...

Aprovecho la ráfaga de silencio
para recostar tu sombra en el pasto
y escribirte una historia atrapada
en un trébol de aroma antiguo.
Ella fue peregrina en los arrecifes
atrapando con sus manos
la exhalación de los días de lluvia,
al tanto del sobrevuelo de las águilas
sobre la imperturbabilidad azul del mar.
Entendida de la ascendencia del extravío,
del porqué la luna
es irremediablemente multifacética
como todo mujer humedecida de amor.
Ella no está perdida
solamente camina percibiendo el incienso
de la campiña atrapada en su pelo.
No se pierde el amanecer
por la vigilia turquesa
de los ojos de quién ahoga tempestades
con la mansedumbre de su sonrisa.

Juan Espinoza Cuadra
Mayo de MMXI
México

miércoles, mayo 11, 2011

A veces...

A veces me quedo callado
escuchando lo que no atinas decir,
interrogando las palabras que no dices,
escuchando entre la nada tu voz.
En ocasiones te escucho
entre el revoloteo de las cortinas,
en el sudor, mi ropa tirada y la despedida.
Otras veces hundido
en la angustia porque no llegas,
la almohada empapada,
y los minutos desesperados
por tu ausencia sospechada.
Me dijiste te esperará
y acá sigo, no lo recuerdo….
y estoy así…
aguardando el aplauso de tu pelo
la esencia furtiva de tus manos,
el arribo anegado de tus besos….
la llegada que se hace terminable
en la estación del tren demorado.
Me enamore de ti al otro sorbo
de tu cigarrillo inadecuado,
cuando la mirada de tus ojos abatió
la desesperanza ebria de mis apatías.
Abrevo de tus pechos confiscados,
andando la superficie de las aguas
por la arboleda turbia arrebatada.
Tomo tus pies alterables
al color reparado por el haz de Luna,
encomiendo a ellos las caricias
de mis manos antagónicas,
y te canto mi canción de amor
con los acordes de mi voz empequeñecida.
Te procuro aunque no estés conmigo,
para regalarte un amanecer cotidiano
al despertar no obstante
no me encuentres contigo.

Juan Espinoza Cuadra
México
Mayo MMXI

sábado, marzo 26, 2011

Tu reclamo insubordinado…

Tu reclamo insubordinado
protesta en la noche rectilínea,
hondea su bandera pirata
sobre la arena circular
de tu boca enardecida.
Arde el pecho imparcial
la caminata descontenta,
el susurro arrepentido,
la insistencia voraz.
La oropéndola ata tu queja
a la sandalia desmedida
de tu labio amorfo,
al semiojo descubierto
en la flora matinal.
Prefiere soñar de blanco
tu acuarela de v minúscula,
opta sumar la nieve y la lluvia
dramatizar la puerta ahuecada
de tu alma muda.
Exígeme nuevamente revertir
la magia kilométrica
el péndulo sinfín y
aquellos chasquidos de tus dedos.
Descansa a la mitad
de tu texto extranjero
las dudas que abaten tu velo,
orilla los reproches
a la estufa antigua de la abuela,
deja vaya por un te olvido
y perderme de tu camino.


Juan Espinoza Cuadra
México
Marzo de MMXI

Una reprensión a la inevitabilidad de la muerte…

Redefino el abandono de efluvios
a la remota posibilidad de trascender…
volar desde la nada hacia el simulacro,
andar difundido por los éteres,
sin reflejo en la carátula de los Dioses.
Música ochentera conspicua de alarde
deslizada por el barro atardecido,
los innumerables labios de salitre
y caderas púrpuras de brillo.
Eterno desde las manos descarnadas
perpetuo en la multiplicidad de los vértices,
muslos coloridos de pupitre y sanguijuelas,
irredento trovador masticando la muerte.
Perenne concepción fálica
para la angulosidad de tus serpentinas,
menester mestizo con aroma a ron
andando descalzo por tu pecho fluvial.
Los rostros difuntos desaguan magueyes
en ese desierto entre corchetes de tu vientre,
tu concha no es más áspera que el viento
ni mas adimensional que tus contradicciones.
Amago de vándalo mastico tabaco
donde el olfato se hace difuso,
y la inmovilidad tuerce la mano
cuando el aroma a dolor aún es temprano.


Juan Espinoza Cuadra
México
Marzo de MMXI

viernes, marzo 25, 2011

Dije no quererte…

Las veces que dije no quererte,
éstas a sí mismas se colgaron
de una soga inacabada,
amarra de negaciones y
maroma de imágenes confundidas,
embarradas de colores mustios
en el borde de la inopia.
Pensé no desempolvar
las orquídeas muertas
de mis añejas gavetas,
ni soplar el polvo antiguo
del camino andado.
Pero la juventud hace remolinos
en la corteza muerta
de los árboles marchitos,
borrascas que arrugan
los párpados abatidos
de los otrora amancebados.
Irreverente revalido
todas las razones de mi desamor,
exaltando la cicatriz de la castañuela,
la tertulia de la meretriz espía,
el gozo inconcluso y
tu deserción absurda.


Juan Espinoza Cuadra
México
Marzo de MMXI

Aguardar con las hojas secas a los pies…


La anciana tomada de mi mano
bosteza nuevamente en silencio,
camina hacia la incertidumbre
llevándome con ella.
No hay mendrugos de pan
en la raída bolsa
colgada de su hombro,
no hay vestigio de alimento alguno,
solo vacíos y preocupación por mí.
Titubea el cariño en el rabillo del ojo
con las ganas de desasirse de mi,
facilitando la derrota
a través del abandono.
Con los años martillando los pasos
se aviene una ráfaga de calor
y los desperdicios de la calle
se agolpan a nuestros pies.
Hacia adelante se mofa la esperanza
lo mismo que atrás,
en la medianía no hay decisión
que tomar.
Me quede observando su espalda
contando la lentitud de sus pasos,
hoy sigo esperándola
con una moneda oxidada en la mano.

Juan Espinoza Cuadra
México
Marzo de MMXI

martes, marzo 08, 2011

Policromático...

Los cerros departen
de aridez en afonía
insinuando tras la caída de la tarde
los eventos inequívocos
de todos los días,
asoman el aire caliente
que fustiga la vida
de la poquedad verde y
extreman la mueca
del polvo que cala
los rostros desfigurados
de las rocas esparcidas,
como si no bastará
la fotografía atemporal
y si bastará otro mismo
día igual.
Transeúntes esporádicos los ojos
llenándose de la llanura crédula,
de los matices
columpiando primavera,
y se allegan las ganas
de tirar la chamarra
a un lado del camino,
soltar los zapatos y
deambular descalzo,
disfrutando la escalera
de asonancias,
procurando cerrar
el acertijo mudo
tras el paso de las orugas.
Adentrado desde la ventana
los óleos flanquean a la sonrisa,
al deleite del recuerdo genital
inmerso en la cueva infiel
derramada de miel por la colina.
Inesperadamente actor
el sudor de la frente pulula
la fantasmal concupiscencia
de las nubes,
en otra aberrada retahíla
de preñeces inspiradas.
Propongo colocarte en una
de tantas cúspides,
pero no mojan tus pies
la opacidad de los paisajes.

Juan Espinoza Cuadra
México
Marzo de MMXI

jueves, marzo 03, 2011

Anciana...



Photo by Juan Espinoza Cuadra
 El autobús se detiene en otra central,
en otra ciudad hacia el destino,
otra parada finita e interminable
a mi ansiosa paciencia,
y la señora intenta subir sin auxilio de nadie
pidiendo la ayuda que se queda congelada
en la indolencia de los viajeros,
indiferentemente de la notoria invalidez.
Su ancianidad entonces es el papel arrugado,
descartado por los cómplices de la vida,
la vejez huele mal, a cáñamo podrido,
a hediondez de los años marchitos.
Me convenzo que la vanidad
es una quimera
fantasiosamente maquillada
en la atrevida memoria de la estupidez.
Esa dama derruida por el tiempo
no le importa a nadie,
sus derrumbes se abaten solitarios
por el pasillo hacia su asiento.
Una lágrima tiembla convencida
en el rabillo del ojo al reconocer el espejo,
y de antemano el vapor
inevitable del ocaso.

Juan Espinoza Cuadra
México
Marzo de MMXI

martes, febrero 15, 2011

A partir de mí…

Aunque intento no puedo
deshacer el verde escozor
de las hojas de los árboles,
ni antagonizar la suspicacia
del rojo intermitente de tus labios,
no merezco perderme otra vez
entre tu manos sobredimensionadas,
ni permitirte me dejes solo
nuevamente en el dorado sainete
de la playa.
No puedo dejar hagas de las cosas
algo cotidiano y efímero,
y perderme nuevamente
en los repetidos intentos,
en tus logrados o fallidos tanteos
y caer otra vez
en los garabatos indescifrables
de tus conatos.
No soy reversible ni permeable
a tus juegos de niños,
no absorbo el color con que pintas
de algarabía tus acuarelas.
Te confieso me gusta caminar a solas
entre la gente que no sabe de mí,
pedir un vaso con agua
cuando me agobia la sed,
acostarme sobre el pasto seco
y columpiar las gotas de lluvia
en el balance imperfecto de mi rostro.
Soy la rama seca del olivo muerto,
la voz inaudible de la piel arrinconada,
los labios entumecidos
por el frío nocturno del mar,
el cruzado desarmado y sin país
que recoge en el vacío
un letargo subordinado.


Juan Espinoza Cuadra
México
Febrero de MMXI

lunes, febrero 14, 2011

Dejó de ser mi casa…

Por la incendiaria terquedad
de un fantasma sin alma,
por la inquebrantable obstinación
de una mujer sin párpados.
Robó mi cosecha,
mis pequeñas posesiones
y también la inocencia
de los besos infantiles
que solo a mí pertenecían.
Su gabán siempre nocturno
arropa recuerdos oscuros,
avivado lo infausto
por el ruido de la tormenta,
por su vítor antojadizo de guerra.
Revertir los daños consecuentemente
es alterar al odio como su credo fiel,
cuando restituir el pasado
carece de valor
en su visión cegada
por su rencor siniestro.
Dejaron de ser mis afanes
cuando decidió abanderar
de sinsabores la vida,
dejaron de ser mis afectos
cuando perturbó
el significado de las palabras verdaderas.
Pasados los años, desposeído,
no hay atisbo de amaneceres.
Su angustiosa terquedad permea
la indeleble mueca de desamor
de su rostro tristemente envejecido.
En el calendario maduran lentamente
la indiferencia y los perdones aplazados,
mientras la mansedumbre desguarnecida
anda a solas, desorientada.
Ojala y no toque llegar a la última versión
del irrevocable calendario deshojado,
y encontrar en sus ojos
un tenue destello de virtud.

Juan Espinoza Cuadra
México
Febrero MMXI

viernes, febrero 11, 2011

A propósito de ti…

No estás donde te dejé
mucho menos donde te pensé,
estás abstraída
alejada de las cosas,
no me tienes a mí
ni estoy en ti.
Deambulas desperdigada
ambulatoria, sin asirte,
yo igual pensando en ti.
Tan distantes y pensándonos
todas las tardes de invierno
y las mañanas de verano también.
Te quedas pensando en mi
mientras preparas el desayuno
que no compartiremos ni es nuestro.
Te quedas viendo en la ventana
mis ojos, mis manos, mi recuerdo,
rozas tus labios mordiéndome
acaricias tus pechos acercándome.
Así nos quedaremos
en el beso inconcluso,
en mascullar nuestros nombres,
en la cocina vacía de los dos,
en tu piel erizada
al acercarme a tu espalda,
mientras me percibes,
durante el tiempo que soy tuyo.
Aquí estoy para ti
siempre, mientras el siempre
sea de los dos.

Juan Espinoza Cuadra
México
Febrero MMXI

miércoles, enero 26, 2011

Tú me das ganas de…

Me dan ganas de aceptar
el otro significado de tu amor,
ahondar el alcance
que tienen tus ojos
cuando hundes tu mirada
de girasol ardiente,
descender a tu lado
el pasaje escabroso
de la seducción adultera.
Quiero atrapar tu aroma embustero
en el pañuelo color cielo
que atinaste regalarme,
confinar el cierre de tus párpados
a la ladera lejana
de mi muralla interminada,
aferrar mis ansias al contorno incoloro
de tus hombros de arrecife y bruma,
coger tus días y encomendarlos
a los pliegues de azúcar
de tu boca de mermelada.
Tengo las ganas de perpetuar
el contorno enfurecido de tus caderas
el ulular desmesurado de tu cintura
en el torrente imbatible de un verso,
deslizar mis manos incrédulas
por el rumor impávido de tu piel.
Quiero terminar mirando la foto
en blanco de exilio y negro de eclipse,
que flanquea a los días proscritos
en su camino al lecho postergado.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero de MMXI

lunes, enero 24, 2011

Saragorero…

Paradigma que esculpe el somos,
en días de calor… frío el día,
embellecidos colores de años a la espalda,
palpitantes, emocionalmente fatigados,
derrumbados en laderas de turbación incauta,
cuando la súplica fue nuestra.
Arquetipo del algo insatisfecho con la forma,
respiro innovador de Fé afligida,
andar a puntillas la banqueta bombardeada,
aroma a arándano y condimento a abadía.
La reina del vino ausenta el borde de agua
que flanquea la tormenta,
toma las palmeras tropicales
desde la piel desnuda hasta llegar
a la arista de sus nudos transversales,
apresura la copa para ahogar la culpa
en la garganta desacertada.
Espejo color huidizo en el reflejo,
chasquido bravío tonto,
permiso de saltar la barda inextensible
desde el tabernáculo apócrifo.
Sara desune los conjuros
del Nigromante proscrito,
en los innumerables lechos
me remonto a tus hombros inaccesibles
y a la bocanada de tu éxtasis púbico.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero de MMXI

Edna Moradho Dethí…

El amor a la vuelta de la esquina
nos desacierta inciertamente,
a despropósito de alguna especulación.
Te alcanza, reflexiona contigo, se queda o se va.
Su inaudibilidad masculla nombres,
Edna Moradho Dethí, a modo que la gracia
arrastra colindes imprecisos cuando se pronuncia.
A lo lejos un gramófono chicharresco, su música
derrumbándose con las hojas de los mangos
sobre los techos de piel morena y Luna,
se toman de las manos los enamorados
para dejar de orar en la medianía del atardecer.
El amor tiene una mueca perpendicular
y un boleto de avión que reclamar,
una crucifixión con una hora adelantada
un evangelio de chapopote y
un verso de carcajada.
Edna Moradho Dethí bajo su falda
presume la delta aritmética,
la yerba verde que da lugar al musgo quimérico,
el martillo carnívoro frívolo
asestando golpes a los minutos.
La nieve ya no es pálida, es nieve,
disolviéndose en las butacas de madera vieja
de los septiembres.
Ubérrima las puntas rosa
en las que se hace adulto el beso,
el cariño.
Abrevan los días la savia del niño,
se clava el odio en el argot mestizo
donde vuela el pajarillo
su esclavitud de agua.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero MMXI

sábado, enero 22, 2011

Los hermanos que tengo y nunca tuve…

Juan Espinoza Cuadra
Ellos están enroscados en el rodillo
de la máquina de escribir de mi padre,
deslizándose entre los límites de la tinta,
serpenteando las cuartillas arrugadas de la noticia
que no tiene forma de denunciar ningún rostro.
Ninguno abreva del cáliz de cantera color rosa
centinela fortuito de las fugas nocturnas del poeta.
Hombres con una cicatriz que compartir
mujeres que colaboran el seno de la herida,
de arroyos claros y hondos, de arrullo y queja,
melodía infantil vestida de sábanas infractoras.
Los golpes no los procuro Dios
en el apellido de los enterradores anónimos,
ni a lo lejos los vórtices sepultan el dolor muerto,
porque no hay sufrimiento que desconozca
el cordón umbilical que lo ata a los viñedos.
En un acordeón alguien llamado Pablo
rasga las iniciales que hurto al mar
para plantar trigo en una colina musical.
El enflaquecimiento canta un Sergio despedido
desde la sonoridad de un envejecido bolillo
sin saber que amar es quizás no ser correspondido.
Martín no conoce su nombre de Santo católico
porque su escuadra no atina recuerdos.
Esvetlana es la pendiente de una catarata invertida,
llueve arena de mar sobre la playa de agua congelada.
Paola se esconde tras la letra zeta
atorada en la garganta de Júpiter
tras la explosión de una voz oculta.
El otro hermano no importa
puesto que no concierne
el color ausente del arcoíris
ni la primera ola ahogada en el mar.

Juan Espinoza Cuadra
México
MMXI

El cero no existe…

Toma las horas, hazlas sucesivas,
suma sus dígitos
advertirás la inexistencia del cero,
la unidad lidera la secuencia
acotando el nueve el fin del ciclo.
La una de la madrugada es disímil
a la una de la tarde…
el formato de las doce horas
no corresponde al andar del Sol.
El nueve culmina el conteo precedente,
el uno no es flanqueado por el cero.
Entre más ceros el mismo dinero,
la fantasía la adornan círculos,
el orden lo impone el caos.
El modelo matemático anarquiza
la cadena de eslabones afines,
el todo deriva de la disposición
del uno y su vecino.
Aunque no existe y sí su valor prescrito,
el cero acomoda la evaluación y conjetura
al cúmulo de cuantías adscritas
al portal de la omega y apellido infinito.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero MMXI

jueves, enero 20, 2011

Hay féretros de todos los tamaños…

El plomo creado como sujeto de muerte
agrede inmisericorde el rostro mexicano,
amenaza al niño con su mochila de la escuela,
al tendero que procura subsistir su familia.
La balacera se da en cualquier camino,
y el piso es el común chaleco amparador
mientras ululan las ambulancias, los municipales
los estatales o los federales.
Ni Universidades ni colegios
protegen de la lluvia de balazos,
cualquier familia es asediada por el mosquerío
de los cuerpos descompuestos.
Mueren los inocentes, el papá, el niño, la mamá,
abundan las tumbas, rebosan los ejecutados,
destilan las ciudades cuerpos despedazados.
Culto a la tortura a la par de las misas diarias.
El negocio del camposanto ríe con los pesos en la mano,
no importa el dinero este salpicado de sangre,
que detrás haya dolor en los ojos llorosos,
carritos de juguete perforados en Sinaloa
y lamentos laguneros en Coahuila.
Todo es trinchera en la quimera sexenal,
los apuntes de la violencia
no le dan escalofríos al jerarca ausente
que camina solitario por las terracerías asoladas.
Abundan las líneas de fuego entre las taquerías
y las entradas a la Iglesias,
abundan los sicarios porque la educación se eclipsó
en el hurto inhumano a la riqueza nacional.
Ya no hay sueños de grandeza para soñar
solamente amodorramientos para sobrevivir.
Abunda la fosa, el cráneo antiguo y último,
el exterminio de la vida y la saña,
el desquite por el odio mismo y el
agravio a la maldición en toda su circunstancia.
Sin códigos existentes todos estamos muriendo,
los ángeles ataviados de infancia y
los demonios acicalados de púrpura.
Los malos en la extensión de su verdad
se hacen protervos en la ráfaga,
en el encono abrumador del Panteón.
Usurpan la potestad que tiene la vida
sobre los escrutinios insondables de la muerte .

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero de MMXI

jueves, enero 13, 2011

Sin pretención...

Pedro Pablo Espinoza, el Poeta Carpintero
Ambiciono acercarme a ti y sonreír y que seas feliz
atiborrarte de muchas palabras acentuadas
en el interior de la botella plata donde te encuentras,
que me permitas abrevar del brillo de tu frente
las ocasiones que decides caminar sobre la arena de la playa,
que me busques en todas las habitaciones de tu casa
cuando tu madre inicia a encender las luces,
que te robes en un paliacate desgastado mi confianza
y lo anudes luego alrededor de tu cintura desnuda.
Quiero que experimentes nuevas formas de acercarte a mí,
que explotes tu ingenio para ver parir rosas a los cerros,
que tus labios aspiren abrazar mi alma y
que tus piernas gobiernen la dicha y la lluvia de sustantivos.
Borrar con mis sueños el límite de tu cavidad que me cautiva,
y arrinconar mi oración en una diócesis irreversible,
donde las nubes decidieron cremar el halo y el viento,
donde las horas sucumben a la seducción y al beso.
No dejes huellas en la piel donde no está mi reloj,
ni pruebes la inmensidad que contienen los aplausos,
solamente mírame frente a ti las tardes que te busco
atiéndeme para poder leerte los versos arrugados,
e invítame un agua de limón y ver juntos el arcoíris.
Soy un vagabundo que no aspira mundos de cien años,
ni novelas extensas que brillen en los estantes,
soy un soñador errante persiguiendo estrellas
que ya no están donde las vi por primera vez.
Solo quiero caminar por las terracerías polvorientas
del pueblo donde me invente nacer,
sentarme en una banqueta olvidada y acariciar el dolor
entre mis manos húmedas de lágrimas impostergables.


Juan Espinoza Cuadra
México
Enero MMXI

miércoles, enero 12, 2011

Humedad veraniega...

Sucede…
que al abrir los ojos se agrieta tu vientre
entre la tostada embarrada de mantequilla
y el pequeño vaso de jugo de naranja;
sucede…
que todos los días un sacerdote abandona la vid
y entre sus escritos arrulla los párpados alcalinos
de una voz inconsecuentemente recluida;
sucede...
que busco acercarme a ti por atajos,
en las manos una jarra de almíbar,
un poema lúbrico y
en los pies las sábanas blancas
que cubren de equinoccio tus senos
y de rocío tus suspiros;
sucede…
que has roto el cristal de mi reloj
arponeado las hojas de plátano del jardín,
balaceado los acordeones apilados
y agraviado la simiente subordinada;
sucede…
que hurtaste mi apellido
donde mueren los cenzontles y
donde duele la espuma del mar,
alborotaste el orden de mi nombre
y escondiste las letras bajo tus uñas;
sucede…
que en tardes interminables de púrpura
te deseo en la extrema acentuación de tu pubis
y en el borde henchido del fálico Universo;
sucede que ansioso de ti
colecciono formas desoladas
en tardes de sábado en los meses de Abril.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero de MMXI

Antro molecular...

Bosque oaxaqueño, camino a Tlaxiaco.
Oye, no levantes más la mano,
la ventana de la cantina no compite
con tus espacios ni con los míos.
El barullo es extenso, tanto
como la nube de tabaco emanado,
iguala la luz del candelero desusado
colgado en el centro de la jerga.
No derrames el licor en la mesa
ni atisbes a la lejanía lo que dejaste,
hoy sigues siendo nadie
a pesar de la reticencia de los días.
Escríbete tonto en la acuarela babosa
de la borrachera que te sobra,
e indágate meridional
en la palma de la mano.
Las botanas al centro de la barra
no cuestan la herida insana
con la que escondes
la temeridad del fracaso.
Se te escucha repudiar
el camino a la tumba
los sonidos de los tambores de guerra
y el sabor del caldo de gallina de rancho,
pero no reconoces
la locura de tamaño chico
que yace en la inmensa pequeñez
de tu reclamo.
Muestras la foto de una mujer
de edad madura
cejas arqueadas, de color negro azabache,
labios húmedos, boca turgente,
rostro ahogado de pecas…
dejas escapar un sollozo,
para entender no alcanzaste
la larguez legendaria del camino.
Revuelve la crisis con el desatino y rumia
puertas antiguas cerradas
a las fuentes de agua,
atascados diplomas obsoletos
en las cortinas,
revive la energía íntima y
explota la luz molecular
en la delgadez dimensional
del temblor ebrio y febril.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero de MMXI

No...

No. No has estado todos estos años
en la ventana despintada,
en el umbral de la puerta derruida,
en la banqueta de ladrillos rojos.
No. No hay más terminaciones con la letra s
en las cartas que no me has escrito,
ni alondras vuelan el jardín de tu casa,
ni ladridos de perros indigentes alrededor de tu mesa.
No. No percibo aún la quinta dimensión que presume
el teorema de tu entrepierna,
y tu conjuro autómata no recibe el indulto
de la frente aristotélica del zurcidor de versos.
No. No escucho tu susurro detrás de la oreja del océano
ni sabes nadar entre los ojos de la montaña cartesiana,
no terminas de escribir tu drama
y ya te defines inextensa y abatible.
No. No dejo de experimentar tu sensación
en el lóbulo del sexo y la mula mercante
aplana en lo sideral mi bulto intenso.
No hay medianía en tu seno trivial y errante
solo un color rosa atrapando miradas y labios,
estas disfrazada de tarde
palpitando embarazos y oraciones teatrales.


Juan Espinoza Cuadra
México
Enero de MMXI

miércoles, enero 05, 2011

En la arena...

En el brazo de arena se agolpan
las arrugas de un arrullo ancestral,
se levanta heroico hacia el cielo
azul y despejado,
para retar a las orugas que tejen
una máscara de pesar y olvido.
Anterior a la arena siempre fue la arena,
depositada en las pestañas del ocaso,
invadida siempre por el agua de mar
hasta el final del agua de mar.
Gigante congelado en la cresta de la ola
hay una congestión confusa,
revolcándose entre las manos.
Puertas de agua heridas por la obesidad
se abren a la languidez del color tenue
que desmaya por el borde de los quehaceres.
No hay despedidas en el atardecer atascado
en la ventana que no se ha abierto,
no hay hasta prontos en los labios muertos,
solo atrasos en la pantalla del cielo.
En mi barra espaciadora caben
todos los espacios de ellas,
sus intentos de odiarme y
hasta su amor lejano.

Juan Espinoza Cuadra
México
Enero de MMXI

jueves, diciembre 16, 2010

Yo, tú no otro dueño… el hacedor…

No soy el dueño de las manecillas del reloj
y aún así, me detengo a observar su andar irreverente,
interrumpo mis propios espacios para constatar
la inevitable andanza gitana de los ecos repetidos,
concluyendo que nada es tan cierto
como la incertidumbre
y nada tan placentero como lo desconocido.
No tengo un pedazo de pan en mis manos
y anhelo saciar la boca del indigente,
no tengo horas y quiero abarcar el tiempo.
Me quedo en el borde de la línea que demarca
el teclado de mis propios deseos,
y no hay nada afuera que me abrigue.
Me veo tiritando cuando a la vez me sueño
errante trovador de los versos que deletrean
los múltiples nombres que me he inventado.
Asimétrico acopiador de colores y bordes,
austista a predilección de acordes y veredas,
fantasioso observador del remolino y el hedor,
deambulo los dedos amarrados a la soledad,
sonámbulo de luces, hablador de miserias,
conquistador de ocasos a los pies
de las rocas del mar.
Acá son las horas que no son en París
y aún así tecleó los minutos
que no has estado en mí.

Juan Espinoza Cuadra
México
Diciembre de MMX

viernes, diciembre 10, 2010

El Nazareno...

Las imágenes de un cristo ensangrentado
de rostro, piernas, brazos,
no es un recuerdo que corresponda
a la magnanimidad de un hombre bueno.
Las imágenes variopintas de la crucifixión
de un ser humano ejemplo,
colgadas en los retrovisores de los camiones,
enganchadas en las paredes de los hogares,
es una escena abominable, inconsciente,
irreflexiva, degradante, cuestionable.
No es necesario el recuerdo de su exterminio
para perdurar el ejemplo y la enseñanza del galileo,
así como es inexcusable encontrarle
en el rostro sereno y a la vez aterrante
del hambre y la pobreza,
que padecemos,
en el estomago, la vida y
el pensamiento.
Su divinidad esta reflejada
en nuestro alter ego,
entonces, ¿la divinidad es algo cierto?,
de ahí, los ecos vagan en las proximidades
de un límite incierto.
Amén de que las estrellas golpeén distantes
el tono de las púpilas del Maestro,
todo es silencio en la angustia
del desconocimiento.
Él radica sentenciosamente
en la oración personal
y poluciona su voz la áridez del misterio,
que redobla su entorno y
vierte ha incógnita magna,
y la Fé perdura tal ecuación indecifrable,
impregnada de arduo trabajo y hastío.
Jesús vive en la medida que vive
el chasquido irrisorio de los dedos,
para los andantes de veredas
matizadas de secretos.
El ícono deambula solitario y vagabundo,
brazos abiertos y ojos sollozantes,
los azares de una dimensión finita y terminable.

Juan Espinoza Cuadra
México
Diciembre de MMX